Tras las huellas de Chatwin

abril 24, 2017 en Actividades en Patagonia

Cuando el inglés errante, Bruce Chatwin se dirigió hacia Sudamérica, a comienzos de los ‘70s, no iba a las típicas vacaciones patagónicas, pero su narrativa a continuación, En la Patagonia, (publicada en 1977), estableció las credenciales literarias modernas para la región.  Muchos de los lugares que visitó – tales como la cabaña de Butch Cassidy en la provincia argentina del Chubut – se han convertido en lugares de peregrinación alejados de las rutas.

Chatwin se interesó por primera vez en la Patagonia al ver los restos de una piel que su abuela le había contado, pertenecía a un “brontosaurio” enviado a Inglaterra por Charley Milward, su primo lejano, un marinero náufrago que se quedó en Punta Arenas, construyéndose una casa ahí, ahora conocida en forma coloquial como el Castillo Milward (“Milward’s Castle”). Aún de pie, en óptimas condiciones, está apenas a nueve cuadras del Muelle Prat, muelle desde el cual los cruceros zarpan dos veces por semana al Cabo de Hornos. 

El MegalodónChatwin visitó la casa, la cual describió como “una casona Victoriana trasladada al Estrecho de Magallanes,” y la cual se destaca, llamando la atención en una ciudad con una impresionante herencia arquitectónica. En esos entonces fue, y hoy en día todavía es, una casa con “frontones de elevada pendiente y ventanas góticas.  Del lado de la calle, había una torre rectangular y del lado de atrás, una torre octogonal.”  Chatwin cita a los vecinos declarando que “el Viejo Milward no se decide si es una iglesia o un Castillo” y sacándoles una visita a sus dueños, entra en un pasillo de una sólida penumbra Anglicana.” 

Luego de visitar la casa de Milward, Chatwin tenía un objetivo más.  Lo que su madre llamó “brontosaurio” era de hecho un Mylodon, un perezoso terrestre gigante que podría haber existido simultáneamente con los primeros humanos habitantes de esta región.  En los alrededores de Puerto Natales, Chatwin realizó una excursión a una caverna donde no encontró ninguna piel que se comparara con lo que había visto en Inglaterra, pero sí recolectó unos pocos pelos repartidos que se parecían a aquellos que había visto adheridos a esa piel.  Hoy en día tendría problemas serios si se diera ese trabajo, ya que la Cueva del Milodón es actualmente un parque nacional – con una estatua de tamaño real de la bestia que algún día se cobijó ahí.

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